Banco de Japón: El sistema financiero japonés ha mantenido la estabilidad en términos generales

El Informe semestral sobre el Sistema Financiero del Banco de Japón (BoJ), publicado el viernes, mostró que el sistema financiero japonés se ha mantenido estable en su conjunto.

Estas son las principales conclusiones del Informe sobre el Sistema Financiero del BoJ

El sistema financiero japonés se ha mantenido estable en su conjunto.

No se han observado desequilibrios financieros importantes en las actividades financieras actuales.

Es necesario seguir vigilando atentamente el impacto de factores como la situación en Oriente Medio, la inversión relacionada con la inteligencia artificial y la evolución del sector no bancario.

La evolución de los precios de los activos, como los inmuebles y las acciones, sigue requiriendo especial atención.

La posibilidad de una mayor concentración en las carteras de los fondos privados requiere atención.

El encarecimiento de las materias primas y la energía parece estar ejerciendo presión a la baja sobre los beneficios, especialmente en las pymes.

Algunas empresas son relativamente vulnerables al encarecimiento del petróleo crudo. 

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Reacción del mercado

En el momento de redactar este artículo, el par USD/JPY cae un 0,01 % en la jornada y cotiza en 156,94. 

Preguntas frecuentes sobre el Banco de Japón

El Banco de Japón (BoJ) es el banco central japonés, encargado de establecer la política monetaria del país. Su mandato consiste en emitir billetes y ejercer el control cambiario y monetario para garantizar la estabilidad de precios, lo que se traduce en un objetivo de inflación de alrededor del 2 %.

El Banco de Japón adoptó una política monetaria ultralaxa en 2013 para estimular la economía e impulsar la inflación en un entorno de baja inflación. La política del banco se basa en la expansión cuantitativa y cualitativa (QQE), es decir, en la emisión de billetes para comprar activos, como bonos públicos o corporativos, con el fin de aportar liquidez. En 2016, el banco redobló su apuesta y flexibilizó aún más su política: primero introdujo tipos de interés negativos y después pasó a controlar directamente el rendimiento de los bonos del Estado a 10 años. En marzo de 2024, el BoJ subió los tipos de interés, dejando atrás, en la práctica, su orientación monetaria ultralaxa.

Los enormes estímulos del banco provocaron una depreciación del yen frente a las principales divisas. Este proceso se intensificó en 2022 y 2023 debido a la creciente divergencia entre la política del Banco de Japón y la de otros grandes bancos centrales, que optaron por subir los tipos de interés de forma pronunciada para combatir una inflación en máximos de varias décadas. La política del BoJ amplió el diferencial de tipos de interés con otras divisas, lo que lastró el valor del yen. Esta tendencia se revirtió parcialmente en 2024, cuando el BoJ decidió abandonar su orientación monetaria ultralaxa.

La debilidad del yen y el fuerte aumento de los precios mundiales de la energía elevaron la inflación en Japón, que superó el objetivo del 2 % del BoJ. La perspectiva de un aumento de los salarios en el país, un factor clave que impulsa la inflación, también contribuyó a esta decisión.