
El oro al contado cayó el pasado viernes por debajo del nivel psicológico de los 4.000 dólares por onza, marcó un mínimo de tres meses y registró su mayor caída semanal en más de cuatro meses. Al inicio de la sesión del lunes, los precios seguían rondando los 4.000 dólares, sin apenas indicios de que el ánimo del mercado hubiera mejorado durante el fin de semana.
El encarecimiento persistente de la energía, la renovada preocupación por la inflación y los cambios en las expectativas sobre la política de la Reserva Federal han sido los principales factores de presión sobre el oro. A su vez, la incertidumbre geopolítica y una semana cargada de decisiones de bancos centrales añaden más incertidumbre a las perspectivas.

La creciente preocupación por la inflación sugiere que los principales bancos centrales podrían no ser capaces de flexibilizar la política monetaria tan rápido como se había previsto, lo que supone un claro obstáculo para quienes mantienen una visión alcista sobre el oro. Al mismo tiempo, una fuerte corrección de las acciones tecnológicas, en particular las vinculadas a la inteligencia artificial, ha generado presiones sobre los márgenes de garantía. Algunos operadores e inversores bursátiles que han recibido requerimientos de aportación de garantías han vendido posiciones en oro para obtener liquidez, lo que ha intensificado la presión vendedora sobre los metales preciosos.
Esta semana, la atención del mercado se centra de lleno en la reunión de política monetaria de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre. Los operadores esperan mayoritariamente que la Fed mantenga los tipos de interés en el rango del 3,75 % al 4,00 %. La herramienta FedWatch llegó a situar por encima del 90 % la probabilidad de que no hubiera cambios. Sin embargo, los mercados siguen descontando una probabilidad considerable de una subida de tipos en diciembre, cercana al 80 %.
Los datos de inflación al consumidor y al productor publicados anteriormente superaron las expectativas, lo que reforzó la perspectiva de unos tipos de interés «más altos durante más tiempo». El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), el indicador de inflación preferido de la Fed, se publicará a finales de esta semana y aportará más pistas. Una lectura más elevada, combinada con unos precios del petróleo persistentemente altos, podría impulsar nuevas apuestas por más subidas de tipos y mantener la presión sobre el oro.
Además de la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón, el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda y el Banco de Canadá también anunciarán sus decisiones sobre los tipos de interés esta semana, que será clave para la política monetaria mundial.
Se espera ampliamente que el BCE mantenga los tipos sin cambios, aunque la preocupación por la situación política y fiscal de Francia ya ha lastrado al euro. En Japón, la inflación subyacente superó en septiembre el objetivo del 2 % por primera vez en nueve meses, lo que refuerza los argumentos a favor de un mayor endurecimiento monetario a corto plazo. En consecuencia, han aumentado las expectativas de una subida de tipos del Banco de Japón en diciembre. Incluso cambios sutiles en estas señales de política monetaria podrían influir en el precio del oro a través de los tipos de cambio y de las condiciones de liquidez mundiales.
Comentario de mercado:
A más largo plazo, el oro conserva cierto respaldo estructural. La incertidumbre en torno a los conflictos geopolíticos mundiales, la ampliación de los déficits fiscales en las principales economías y la demanda de los bancos centrales que buscan destinar parte de sus reservas al oro siguen siendo factores de apoyo a medio y largo plazo.
A corto plazo, sin embargo, los tipos de interés reales y el dólar estadounidense siguen siendo los factores determinantes. Mientras los mercados sigan descontando la posibilidad de otra subida de tipos de la Reserva Federal antes de que termine el año, es probable que el potencial alcista del oro siga siendo limitado.
